Activida de aprendizaje grado 11°
Noviembre 09 de 2020
Estimados estudiantes. Les solicito realicen una lectura minuciosa del texto y de la actividad final.
Semanas: actividad sugerida para el mes de noviembre
Propósito: Identificar el sentido de la vida al iniciar un proyecto.
“Toda persona tiene su propia misión o vocación
específica en la vida … en ella no puede ser reemplazada, ni su vida repetirse.
De modo que la tarea de cada una es tan única como su oportunidad específica
para llevarla a cabo”.
(Víctor Frankl)
La búsqueda del significado es el empeño más
importante de la vida. Como dijo Albert Camus, “el sentido de la vida es la
pregunta más apremiante”.
Contrario al pensamiento nihilista que sostiene
que la vida no tiene un significado o propósito, la dinámica de la vida humana
misma declara su propio sentido. La idea de que la vida tiene un sentido no es
una invención de algún autor o simplemente una definición tomada prestada de la
teología o de alguna filosofía, sino de la naturaleza misma del ser humano. Existimos
para un propósito; esta realidad yace en el alma de cada ser humano. Esta
necesidad de sentido dentro de nosotros, como decía el doctor Víctor Frankl:
“Debe corresponderse con una realidad”. Como lo expresa Franz Werfel: “La sed
es la prueba más clara de la existencia de algo parecido al agua”.
En la misma línea de pensamiento comenta el Dr.
Víctor Frankl: “Lo esencial de la condición humana es el hecho de
autotrascenderse, el que haya algo más en mi vida que no sea yo mismo… Algo o
alguien, una cosa u otra persona distinta que yo”. El hecho de autotrascenderse
el hombre está relacionado con la necesidad profundamente arraigada de dejar un
legado, de poseer un sentido de significado, de marcar una diferencia, de vivir
para algo diferente a uno mismo.
Pienso que la creencia de que la vida no tiene un
significado está relacionada con la dificultad que experimentan los seres
humanos de hallar ese significado, de conseguir esa correspondencia entre la
necesidad de sentido que reside en nosotros con algo en el mundo exterior que
legitime ese sentido, que haga figura dentro de nosotros. Al respecto el
nihilista dice que debemos aprender a soportar esa falta de sentido; Frankl,
por el contrario, dice que lo que necesitamos “es aprender a soportar nuestra inhabilidad
para comprender en su totalidad el gran sentido último”.
Esa realidad en el mundo exterior que corresponde
a la necesidad de sentido de cada hombre, puede parecer inaccesible, sobre todo
si se piensa en la realidad como algo completamente definido y acabado y no más
bien como una potencialidad, una posibilidad. En palabras de Víctor Frankl: Una
posibilidad sobre el fondo de la realidad…algo que te sirva para asirte a una
oportunidad”.
Es en la dinámica de la vida misma, en el
quehacer diario, en las circunstancias que le han rodeado en cada momento de su
vida, en las experiencias vividas, en el movimiento propio que experimenta cada
ser humano, que adquiere forma – significado – la vida misma de cada hombre.
Como lo expresa Paul Tournier: “Un hombre en movimiento, continuamente
experimentando cambios, un hombre viviendo una historia, desenvolviéndose desde
su nacimiento hasta su muerte. El mero movimiento implica significado en la
vida”. El sentido que descubre cada hombre está siendo forjado en cada suceso
de su vida, sobre todo en aquellos sucesos de especial significado, de impacto,
que llevaron a cambios trascendentales a la vida de esa persona, porque es en
la transformación de la vida que el cumplimiento de un propósito se hace evidente
y la persona encuentra un significado para su vida.
Cada persona experimenta momentos cruciales en
que su vida adquiere significado, y se hace evidente el sentido de la vida para
él. Son esos momentos cuando, como dice Paul Tournier: “La vida de uno es apuntalada
en una nueva dirección. En cada vida hay varios momentos especiales que cuentan
más que todos los demás porque significan adoptar una postura firme, un
compromiso propio, una selección decisiva”. Agrega Paul Tournier: “Estos puntos
críticos en la vida son generalmente pocos en número. Pueden haber sido lentos,
casi inconscientes, gradualmente maduros a través de crisis prolongadas, o
pueden haber sido como un relámpago, una irrupción súbita en la conciencia de
un proceso que ha ocurrido en el subconsciente. Sin embargo, cuando intentamos
entender su carácter esencial, percibimos que siempre implican un encuentro:
con una idea o con una persona, ante lo cual la persona no puede permanecer
neutral. Simplemente ha de tomar partido, responsabilizarse, y comprometerse”.
Ahora “tomar partido, responsabilizarse, y
comprometerse”, sólo es posible si hay conciencia de las propias vivencias, de
nuestras necesidades; sólo así se posibilita la asunción de compromiso por un
propósito, la responsabilidad por las acciones y sus consecuencias y la
definición de un proyecto de vida. Sin conciencia de lo vivido, no es posible
encontrar en la dinámica de nuestra vida – sucesos, interrelaciones,
experiencias – la correspondencia entre la necesidad de sentido en el alma de
la persona y la realidad en el mundo exterior, que permita establecer un
significado a la vida. De lo contrario, la realidad externa será percibida como
amenazante e invasiva, ajena a la vida propia – sin sentido. En tal caso la
vida del hombre carecería de un propósito del que asirse, algo porque vivir.
Si no hay conciencia no hay capacidad de conexión
con la realidad circundante; no hay entonces posibilidad de nutrirse, aprender,
madurar, crecer y satisfacer la necesidad de sentido. Sin madurez de la
conciencia que permita metabolizar las experiencias vividas, no hay la
posibilidad de “momentos cruciales” que direccionen y definan la vida; y como
consecuencia sobreviene el vacío existencial que puede llevar a la persona a la
desesperanza, el escepticismo y el fatalismo.
Mientras mayor sea la conciencia, el
conocimiento, el contacto y la experiencia personal con el propósito de vida
identificado, más profunda será la motivación, la expectativa, el apetito, el
apremio y la determinación para avanzar en pos de la consecución del
significado de vida que hemos asumido. El propósito le imprime a la vida un
acicate y un “sentido de urgencia” de vivir según ese significado. Un propósito
de vida nos mueve también a establecer prioridades y a vivir con un enfoque
intencional, con la certeza de estar viviendo la vida que queremos vivir, y con
la convicción de no desperdiciar la vida. Tener un sentido de vida llena a ésta
de entusiasmo y de pasión: emoción con sentido de dirección. Un significado de
vida proporciona una sensación de bienestar y plenitud y afecta profundamente
la manera en que vivimos, a la vez que sirve de punto de apoyo para el
desarrollo de nuestra potencialidad como seres humanos.
En la actualidad muchas personas manifiestan
experimentar en sus vidas un profundo vacío existencial, una falta de sentido,
una carencia de propósito, una ausencia de objetivos, una indefinición de un
proyecto de vida, que los mueva a la contribución, que direccione sus vidas y
los motive a accionar y encontrar su propio sentido de vida. Por el contrario,
lo que existe es un fatalismo que carcome la vida misma, como consecuencia de
asumir la postura nihilista de que “la vida no tiene ningún sentido”. Al
respecto comenta el Dr. Víctor Frankl: “El fatalista se dice a sí mismo que eso
no es sólo inútil, sino completamente imposible, porque no somos libres, ni
siquiera responsables, sino que somos las víctimas de la coyuntura, del
entorno, de las circunstancias. Pero los fatalistas no tienen en cuenta y
olvidan que, en realidad, somos nosotros quienes configuramos las
circunstancias y los que podemos transformarlas allí donde haga falta”.
Como hemos dicho, una de las necesidades básicas
ser humano es la necesidad de autotrascenderse: la necesidad de sentido, vale
decir, la necesidad de estar al servicio de algo más grande que la persona
misma, de marcar una diferencia, de consagrarse a una causa o un deber u otra
persona. En la medida que el hombre traspasa las fronteras de su propio yo,
será más humano, más fiel y auténtico con su propia naturaleza.
Como dijo el sabio Salomón: “Dios ha colocado
eternidad en el corazón del hombre”. La propia naturaleza del ser humano anhela
y clama por lo trascendente, por lo intemporal, por aquello que se proyecta en
el tiempo. El ser humano vive permanentemente en busca de un significado que le
de sentido a su vida y cuando no lo encuentra sucumbe ante las exigencias del
entorno. Como decía R. May: “El ser humano no puede vivir una condición de
vacío por mucho tiempo: si él no está creciendo hacia algo, no solamente se
estanca; las potencialidades reprimidas se convierten en morbosidad y
desesperación y eventualmente en actividades destructivas”. Esta realidad se
hace aún más manifiesta, en situaciones de dificultad y necesidades de carencia
(muerte, pérdidas importantes, enfermedades, etc.). Dice un sobreviviente de
los campos de concentración nazi, el Dr. Víctor Frankl: “Una persona que se
proyecta hacia un sentido, que ha adoptado un compromiso por él, que lo percibe
desde una posición de responsabilidad, tendrá una posibilidad de supervivencia
incomparablemente mayor en situaciones límite que la del resto de la gente
normal”.
Creo que mucho del desencanto frente a la vida,
del aburrimiento de la existencia y de la incapacidad para lidiar con la
cotidianidad de la vida, están relacionados con la falta de sentido que
experimenta el hombre hoy en día. Por el contrario, como dijo Nietzsche: “¿Quién
tiene un porque vivir, encontrará un cómo”? O dicho en palabras del Dr. Stephen
Covey:” Desgraciado de aquel que no viera ningún sentido en su vida, ninguna
meta, ninguna intencionalidad y, por tanto, ninguna finalidad en vivirla, ése
estaría perdido. El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el
ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa, no
podrá nunca tirar su vida por la borda. Conoce el «porqué» de su existencia y
podrá soportar casi cualquier «cómo»”.
La lectura se analiza en las dos primeras semanas
de noviembre, durante las dos semanas siguientes se realizan actividades
complementarias alrededor de ella.
La actividad final es el microtexto.
Actividad
- Selecciona tres palabras claves por párrafo
- Construye un microtexto con cada tres palabras seleccionadas que conserve la idea de lo que el autor está plasmando en el texto
- Esta actividad deben enviarla a mi correo mariaeugeniaramirezroldan6@gmail.com
- No mayor a dos páginas

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